Una tormenta eléctrica destruye un Santuario del siglo XVIII el día de Navidad

Las deficiencias del sistema de protección contra el rayo y de la instalación eléctrica no se habían subsanado en una reciente rehabilitación

El día de Navidad amaneció en Muxia (España) con la cubierta del Santuario de la Virgen de la Barca en llamas, después de una noche en la que se habían registrado casi 200 rayos en la zona. La noticia tuvo una gran repercusión en España y sobre ella se han redactado y emitido numerosas reseñas que revelan en muchos casos la poca información que existe sobre los rayos y sobre cómo protegerse correctamente de sus consecuencias.

El Santuario disponía de dos puntas Franklin instaladas en las dos torres que enfrentan al mar. Cualquier imagen deja las primeras dudas sobre el sistema de protección: las puntas están claramente por debajo de las torres que protegen, y ningún pararrayos, sea del tipo que sea, puede proteger una estructura que esté por encima de él, ya que la estructura estaría en el camino del rayo. Por otra parte, si las puntas Franklin estuvieran bien instaladas protegerían las torres, pero no llegarían a cubrir todo el Santuario, por lo que el rayo podría haber impactado en la cubierta de madera, comenzando el incendio.

Las primeras noticias apuntaban a que el rayo había caído en un transformador cercano "transmitiendo el fuego por los cables", lo que tampoco es posible. Si el transformador no tenía protección y se incendió, el Santuario pudo arder por una chispa de este fuego. Si el rayo cayó en la línea y se transmitió al interior de la estructura, el fuego pudo producirse por un fallo eléctrico debido a las deficiencias de la instalación y a la falta de protección contra sobretensiones.

En cualquier caso, lo que no es cierto en absoluto es que los pararrayos sean más peligrosos, por atraer al rayo, que dejar a un edificio sin protección. Los rayos se acercan a la tierra y solamente en los últimos metros se decide el punto exacto en el que va a impactar. Un sistema de protección contra el rayo correctamente instalado da al rayo un punto preferente de impacto y un camino a tierra. La ausencia de protección hace que el rayo impacte en cualquier punto de esa misma estructura, buscando su camino a tierra a través de cualquier parte metálica, instalación o arco en el aire, provocando daños irreparables como en esta centenaria iglesia.

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